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Reseña “El fantasma de la ópera” de Gaston Leroux

27 de julio de 2026
4.6
(523)

Entrar en El fantasma de la ópera es como abrir una puerta pensando que vas a encontrarte una simple historia de terror… y descubrir que, en realidad, lo que te espera es una de las tragedias más inolvidables que he leído.

Empecé creyendo que conocía la historia por los musicales y las películas, pero el libro de Gaston Leroux juega en otra liga. Tiene misterio, romance, tensión y un ambiente tan inquietante que parece que tú también estás recorriendo los pasillos oscuros de la Ópera de París, esperando escuchar unos pasos que no deberían estar ahí.

Lo que más me sorprendió fue el Fantasma. No es simplemente un villano ni un monstruo escondido tras una máscara. Es un personaje lleno de contradicciones. Da miedo por todo lo que es capaz de hacer, pero al mismo tiempo resulta imposible no sentir cierta compasión por él.

Su obsesión por Christine nace del deseo de ser amado y aceptado, aunque su forma de conseguirlo sea cada vez más oscura y desesperada. Esa mezcla de terror y humanidad hace que cada vez que aparece en escena sea imposible apartar la vista.

Christine también me gustó mucho más de lo que esperaba. A menudo se recuerda la historia como un triángulo amoroso entre ella, Raoul y el Fantasma, pero en realidad es una mujer atrapada entre el miedo, la compasión y el deseo de recuperar su libertad. Raoul representa la vida tranquila y segura, mientras que Erik, el Fantasma, simboliza la fascinación por lo prohibido y el peligro constante. Esa tensión emocional sostiene toda la novela y hace que nunca tengas la sensación de estar leyendo un simple romance gótico.

La ambientación es otro de esos aspectos que convierten el libro en un clásico. Leroux transforma la Ópera de París en un personaje más: los camerinos, los escenarios, los pasadizos secretos, los sótanos y el lago subterráneo crean una atmósfera que mezcla elegancia y pesadilla.

Hay momentos en los que parece una novela de detectives, otros en los que roza el terror psicológico y otros donde se convierte en una historia profundamente romántica. Todo encaja de una forma sorprendente.

Y si algo me llevo al cerrar el libro es que detrás de la máscara nunca hubo un fantasma. Solo un hombre brillante, marcado por el rechazo desde que nació, que terminó convirtiéndose en aquello que el mundo siempre vio en él.

Es una historia sobre el amor, sí, pero también sobre la soledad, la obsesión y el daño que puede hacer sentirse condenado a no ser aceptado jamás. Entendí perfectamente por qué esta novela sigue fascinando más de un siglo después.

Mucha gente conoce al Fantasma por el teatro o el cine, pero descubrirlo en las páginas de Leroux tiene una fuerza completamente distinta. Cuando terminas, no recuerdas solo a Christine o a Raoul; quien realmente se queda viviendo en tu cabeza es Erik, porque es uno de esos personajes imposibles de olvidar.

 

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