No esperaba que un libro de apenas ciento y pico páginas consiguiera bajar tanto el ritmo de mis días. Lo fui leyendo poco a poco, casi sin darme cuenta, porque es de esos ensayos que te invitan a cerrar el libro unos minutos antes de seguir. No porque sean complicados, sino porque necesitas dejar que las ideas encuentren su sitio.
Eduardo Prieto utiliza la figura de Petrarca como hilo conductor, pero muy pronto entiendes que este no es solo un libro sobre el poeta italiano. Es un viaje por los lugares que marcaron su vida y, al mismo tiempo, una reflexión sobre algo que sigue acompañándonos siglos después: la necesidad de encontrar un rincón donde el ruido desaparezca y podamos escucharnos a nosotros mismos.
Me gustó mucho que el autor no convierta el ensayo en una simple sucesión de datos biográficos. Al contrario. Cada ciudad, cada paisaje y cada retiro de Petrarca sirven para explicar cómo el entorno puede cambiar nuestra manera de pensar, de escribir y hasta de vivir. Terminas recorriendo Aviñón, Fontaine-de-Vaucluse o Arquà con la sensación de que esos escenarios cuentan tanto de su protagonista como sus propios poemas.
Una de las cosas que más he disfrutado es la naturalidad con la que Prieto mezcla literatura, arquitectura, filosofía y paisaje. En ningún momento da la impresión de querer demostrar cuánto sabe. Todo está contado con calma, con una prosa elegante y muy cercana, dejando que sea el lector quien vaya uniendo las piezas.
Es un libro breve, pero no de los que se leen con prisa. Al contrario. Yo mismo me descubrí releyendo algunos párrafos porque escondían mucho más de lo que parecía en una primera lectura. Habla de Petrarca, sí, pero también de nosotros, de esa búsqueda constante de lugares donde refugiarnos cuando el mundo pesa demasiado.
Quizá eso sea lo que más me llevo de este ensayo. La idea de que los lugares que elegimos para detenernos dicen mucho de quiénes somos. Petrarca los buscó hace casi siete siglos y, mientras leía este libro, tuve la sensación de que seguimos haciéndolo exactamente igual.
No hace falta ser un especialista en literatura medieval para disfrutarlo. Basta con tener curiosidad y ganas de dejarse llevar por una lectura tranquila, de esas que no buscan darte respuestas, sino hacerte mejores preguntas.
Puedes leer todas nuestras reseñas y recomendaciones en Cantabria Literaria.

0 comentarios