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Reseña “La portadora de la luz” de Anna Brunet y Alberto Campillo

2 de junio de 2026
3.9
(140)

Hay civilizaciones que dejaron monumentos. Otras dejaron libros. Y algunas, como Tarteso, apenas dejaron preguntas. Quizá por eso resulta tan fascinante encontrarse con una novela como La portadora de la luz, una obra que se atreve a mirar hacia uno de los mayores enigmas de la historia de la península ibérica y a poner rostro, voz y emociones a un pueblo que el tiempo convirtió en leyenda.

Anna Brunet y Alberto Campillo, conocidos por su labor divulgativa al frente de RelatandoHistoria, debutan en la ficción histórica con una novela ambiciosa que combina documentación rigurosa y ritmo narrativo para trasladarnos al siglo VI a. C., cuando Tarteso encara los últimos años de su esplendor.

La protagonista es Saore, hija del legendario rey Argantonio y heredera de una profecía que parece pesar sobre sus hombros desde la infancia. A través de sus ojos asistimos a un momento decisivo en el que las luchas de poder, las alianzas frágiles y las ambiciones de pueblos rivales amenazan con borrar para siempre una de las culturas más misteriosas del Mediterráneo occidental.

Uno de los grandes aciertos de la novela es precisamente su capacidad para hacer cercano algo tan lejano. Más allá de los datos históricos o de las reconstrucciones arqueológicas, los autores construyen personajes que sienten, aman, temen y se equivocan. Saore destaca especialmente por su fortaleza y humanidad. No es una heroína invencible, sino una mujer obligada a enfrentarse a decisiones imposibles en un mundo donde el poder rara vez estaba en manos femeninas.

La ambientación merece una mención aparte. Los puertos comerciales, los palacios, los templos y los paisajes del sur peninsular cobran vida con enorme naturalidad. Se percibe el intenso trabajo de documentación que hay detrás de cada página, pero nunca se convierte en una exhibición de conocimientos. La historia fluye con agilidad y consigue que el lector sienta que está recorriendo las calles de una civilización desaparecida.

También resulta especialmente interesante cómo la novela aborda la caída de Tarteso no como un simple acontecimiento histórico, sino como una tragedia humana. A medida que avanzan las páginas aparece una sensación constante de incertidumbre, como si todos los personajes fueran conscientes de que están viviendo el final de una era. Esa melancolía soterrada aporta profundidad emocional a una trama donde no faltan conspiraciones, traiciones, batallas y conflictos familiares.

Pero si algo consigue La portadora de la luz es despertar curiosidad. Curiosidad por saber quiénes fueron realmente los tartesios, cómo vivieron y qué provocó su desaparición. Y cuando una novela histórica logra que el lector cierre el libro con ganas de seguir aprendiendo sobre el periodo que retrata, significa que ha cumplido una de sus misiones más importantes.

La portadora de la luz es una lectura apasionante para quienes disfrutan de la novela histórica bien documentada, pero también para quienes buscan grandes personajes, intrigas palaciegas y aventuras ambientadas en épocas poco exploradas por la ficción. Una obra que rescata del olvido a una civilización envuelta en misterio y que demuestra que todavía quedan muchas historias fascinantes por contar sobre nuestros propios orígenes.

 

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