Cuando pensamos en Johann Sebastian Bach, resulta casi inevitable imaginar al genio aislado, sentado frente a un órgano, componiendo una música que con el paso de los siglos terminaría adquiriendo una dimensión casi monumental. Volker Hagedorn propone mirar en la dirección contraria. Antes de llegar a Johann Sebastian, abre la puerta de una familia entera y descubre que detrás de uno de los grandes nombres de la historia de la música había varias generaciones de Bach, músicos que vivieron, trabajaron, viajaron, enseñaron, tocaron y compusieron mucho antes de que uno de sus descendientes terminara convirtiéndose en leyenda.
El mundo de los Bach. La historia de la familia de un genio es, en ese sentido, un libro sobre Johann Sebastian Bach que tarda deliberadamente en llegar hasta Johann Sebastian Bach. Y esa decisión es probablemente uno de sus mayores aciertos. Hagedorn entiende que para comprender la extraordinaria formación musical del compositor hay que apartarse por un momento de su figura y observar el terreno del que surgió.
La familia Bach atraviesa varias generaciones y, con ellas, una Europa profundamente convulsa. La Reforma y la Contrarreforma, las guerras, las epidemias, la religión y una mortalidad que hoy resulta difícil de imaginar forman parte del paisaje cotidiano en el que estos músicos desarrollaron su actividad. La música, además, no aparece aquí como un elemento decorativo reservado a los grandes compositores, sino como una parte fundamental de la vida. Está en las iglesias, en los bautizos, en las bodas, en los funerales y en los principales acontecimientos de una comunidad que encuentra en ella una forma de acompañar incluso los momentos más duros de la existencia.
Ese es uno de los aspectos que más interés puede despertar del libro: la posibilidad de contemplar la música desde un mundo en el que todavía no existía la distancia que hoy mantenemos con ella. Para los Bach, la música no era únicamente creación artística. Era también oficio, tradición familiar, forma de vida y, en buena medida, una manera de ganarse un lugar dentro de una sociedad profundamente determinada por la religión. El talento individual importaba, pero también importaba todo aquello que se había aprendido y transmitido dentro de la familia.
Hagedorn reconstruye ese universo siguiendo las diferentes ramas de los Bach y desplazándose por las ciudades, iglesias y lugares en los que desarrollaron sus vidas. El resultado tiene algo de investigación histórica y algo de viaje. Las ciudades no funcionan únicamente como nombres en una cronología: permiten recuperar los espacios concretos en los que ocurrieron las vidas de estos músicos y establecer un puente entre aquel mundo y el presente. Esa búsqueda sobre el terreno aporta una dimensión especialmente atractiva al relato porque convierte la historia familiar en algo más tangible.
También ayuda a comprender por qué Johann Sebastian Bach no apareció de la nada. Su extraordinaria capacidad musical no puede separarse de una tradición que llevaba generaciones desarrollándose. El conocimiento, los instrumentos, las partituras, las formas de interpretar y una determinada sensibilidad musical circulaban dentro de aquella familia, creando un patrimonio que el compositor recibió y transformó hasta llevarlo a un nivel que terminaría eclipsando incluso a buena parte de quienes lo habían precedido.
Pero quizá lo más interesante sea precisamente que El mundo de los Bach obliga a mirar más allá de esa sombra. Los miembros anteriores de la dinastía dejan de ser simples nombres necesarios para completar el árbol genealógico de Johann Sebastian y adquieren sus propias historias. Hay en ellos músicos profesionales, padres, hijos, esposos, trabajadores y personas enfrentadas a las mismas incertidumbres que cualquier otro individuo de su época. Sus vidas permiten entender que detrás de una gran obra siempre existe también un contexto, una educación y una acumulación de experiencias que rara vez caben en las biografías centradas exclusivamente en el genio.
El libro adquiere además una dimensión especialmente sugerente cuando sigue el rastro de las partituras y de los manuscritos que sobrevivieron a los siglos. La historia de esos documentos después de la Segunda Guerra Mundial, con originales que terminaron en manos soviéticas y cuyo recorrido posterior estuvo rodeado de incertidumbre, añade otra capa a una investigación que ya no trata únicamente de personas y música, sino también de la fragilidad de aquello que conservamos del pasado. Las familias desaparecen, las ciudades cambian, los músicos mueren y, en ocasiones, hasta las partituras que deberían mantener viva su memoria emprenden caminos inesperados.
Hagedorn consigue así que una historia familiar termine convirtiéndose en algo bastante más amplio. El mundo de los Bach habla de música, por supuesto, pero también de transmisión, memoria, religión, supervivencia y de la manera en que una época puede dejar su huella en varias generaciones. Y lo hace sin convertir a Johann Sebastian en el único destino posible de toda la historia. Cuando finalmente llegamos a él, lo hacemos con una perspectiva distinta: ya no aparece como una figura surgida de la nada, sino como la extraordinaria culminación de un mundo musical que llevaba mucho tiempo construyéndose.
Quizá esa sea la mejor manera de acercarse a este libro: no buscando únicamente al hombre que compuso algunas de las páginas más importantes de la historia de la música, sino intentando descubrir qué había alrededor de él antes de que su nombre terminara ocupándolo casi todo. Hagedorn consigue que, por unas páginas, los Bach dejen de ser únicamente los antepasados de un genio y vuelvan a ser lo que fueron en vida: una familia de músicos intentando abrirse camino en una Europa difícil, utilizando la música como profesión, como tradición y también como una forma de acompañar la existencia.
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