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Reseña “Casa negra” de Stephen King y Peter Straub

12 de agosto de 2026
3.9
(836)

Si El Talismán era el viaje de un niño que cruzaba medio mundo para salvar a su madre, Casa Negra coge a ese mismo niño, lo hace crecer, le quita buena parte de la luz del camino y lo mete de lleno en una historia mucho más oscura. Y ahí es donde Jack Sawyer vuelve a encontrarse con nosotros.

Han pasado veinte años desde aquella aventura. Jack ya no es aquel niño de doce años que conocimos en El Talismán: ahora es un antiguo detective de homicidios que se ha retirado demasiado pronto después de una carrera brillante resolviendo asesinatos. Vive tranquilamente en French Landing, Wisconsin, intentando llevar una vida normal. El problema es que en ese pueblo está ocurriendo algo que de normal no tiene absolutamente nada.

Un asesino está secuestrando y matando niños.

Y cuando el jefe de policía necesita ayuda para atraparlo, Jack vuelve a entrar en escena.

Lo interesante es que Casa Negra no intenta repetir la fórmula de El Talismán. De hecho, cambia completamente el tipo de historia. La primera novela era una aventura fantástica, un viaje enorme entre nuestro mundo y los Territorios. Aquí estamos ante un thriller criminal mucho más oscuro, con asesinatos, violencia, investigación policial y una sensación de amenaza que va creciendo poco a poco hasta convertirse en algo mucho más grande.

Y eso puede sorprender si esperas encontrarte otra aventura como la de Jack con doce años. No la vas a encontrar.

Durante buena parte del libro, los Territorios quedan en segundo plano. King y Straub se toman su tiempo para construir French Landing, sus habitantes y, sobre todo, esa sensación de que algo terrible está escondido debajo de la aparente tranquilidad del pueblo. La novela es larga, muy atmosférica y tiene momentos en los que parece que se desvía más de la cuenta, pero precisamente ahí está parte de su encanto.

Además, la forma de contarla es muy particular. La narración parece sobrevolar el pueblo como si nosotros fuéramos siguiendo una cámara que va entrando en las casas, observando a sus habitantes y saltando de una historia a otra. Al principio puede resultar extraña, pero cuando entras en ese juego funciona de maravilla. Es como si alguien te estuviera enseñando French Landing desde arriba y, poco a poco, te fuera señalando dónde está escondido el horror.

Y vaya horror.

El Fisherman es uno de esos villanos que realmente dejan huella. No tiene el encanto ambiguo de otros antagonistas de King. Aquí hay algo mucho más desagradable, cruel y perturbador. La historia alrededor de los niños hace que determinadas escenas sean especialmente difíciles y que la tensión tenga un componente emocional muy fuerte.

Pero entre tanta oscuridad aparecen personajes que consiguen equilibrarlo todo. Henry Leyden es probablemente mi favorito. Es ciego, pero tiene una capacidad extraordinaria para reconocer voces y sonidos, y su personalidad consigue que cada escena en la que aparece tenga algo especial. Si en El Talismán teníamos a Wolf, aquí tenemos a Henry.

Y luego está Jack.

Me gusta mucho lo que hacen King y Straub con él porque no se limitan a traer de vuelta al protagonista de El Talismán. Nos enseñan qué ha quedado de aquel niño después de todo lo que vivió. Hay recuerdos, intuiciones y una conexión con los Territorios que Jack ya ni siquiera comprende del todo, pero que sigue formando parte de él.

Y aquí es donde la novela empieza a abrirse de verdad.

Porque si has leído La Torre Oscura, Casa Negra tiene un regalo enorme preparado para ti.

Las conexiones aparecen y empiezas a entender que aquella sensación que podía quedar en El Talismán de estar viendo un mundo paralelo extraño tiene mucho más detrás. Los Territorios forman parte de algo mucho mayor, y cuando empiezan a aparecer referencias relacionadas con la Torre, Roland y el ka-tet, la historia adquiere otra dimensión.

Para mí, ahí está una de las grandes virtudes de Casa Negra: consigue funcionar como thriller, como novela de terror y como continuación de El Talismán, pero además amplía el universo de King de una manera que hace que todo parezca estar conectado.

Eso sí, no creo que sea un libro para todo el mundo. Es largo, se recrea muchísimo en la atmósfera, tarda en arrancar y tiene escenas bastante duras. Si buscas una aventura rápida, probablemente te desesperará. Pero si entras dispuesto a dejar que King y Straub te paseen tranquilamente por French Landing antes de enseñarte qué se esconde realmente allí, la recompensa merece muchísimo la pena.

Y quizá lo mejor sea volver a El Talismán antes de leerlo. Porque cuando conoces a Jack de niño y después lo ves convertido en el hombre que aparece aquí, la historia adquiere un peso completamente diferente.

Es más oscura que El Talismán, más violenta, más inquietante y mucho más cercana al Stephen King del terror. Pero también es una historia sobre lo que queda de nosotros después de haber vivido algo extraordinario. Jack creyó que había dejado los Territorios atrás. Los Territorios, evidentemente, no habían terminado con él.

 

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