Si tuviera que explicarte por qué El Talismán se queda en la cabeza después de terminarlo, no empezaría por Stephen King. Empezaría por Jack Sawyer: un niño de doce años que cruza Estados Unidos de punta a punta porque tiene una única misión, salvar a su madre. Y cuando descubres que para conseguirlo tendrá que atravesar también otro mundo, los Territorios, entiendes que aquello no va a ser simplemente una aventura.
La novela, escrita junto a Peter Straub, mezcla aventura, fantasía, terror y ese tipo de viaje iniciático que consigue que el protagonista cambie delante de tus ojos. Al principio cuesta un poco entrar. Los primeros capítulos avanzan despacio y pueden dar la sensación de que todavía no está pasando gran cosa, pero merece muchísimo la pena aguantar. Cuando Jack comienza realmente su viaje, la historia despega y ya resulta muy difícil soltarla.
Lo que más me gusta es precisamente esa sensación de estar acompañando a Jack. No es un héroe perfecto ni un personaje que simplemente va superando pruebas porque sí. Tiene miedo, se equivoca, echa de menos su casa y está intentando hacer algo enorme con las herramientas de un niño. Y mientras avanza por ese mundo tan extraño y oscuro, también va creciendo.
Y entonces aparece Wolf.
Es imposible hablar de El Talismán sin hablar de él. Tiene algo que hace que te encariñes inmediatamente: es entrañable, divertido, inocente y, al mismo tiempo, capaz de ponerse en peligro por Jack. Su relación con él es probablemente una de las partes más bonitas de toda la novela. En una historia llena de monstruos, amenazas y momentos bastante oscuros, Wolf consigue convertirse en ese personaje que hace que te preocupes de verdad por lo que pueda ocurrirle.
Los Territorios son otro de sus grandes aciertos. No estamos simplemente ante un mundo fantástico colocado al lado del nuestro. Es como si la realidad tuviera un reflejo extraño y oscuro al otro lado. Jack puede pasar de una carretera estadounidense a un lugar completamente diferente, y esa mezcla entre lo cotidiano y lo imposible funciona sorprendentemente bien. Hay momentos de fantasía pura, otros de terror y otros en los que simplemente estás viendo a un niño intentando sobrevivir.
Además, la novela tiene algo que me parece especialmente interesante: debajo de toda esa aventura está la historia de un niño obligado a madurar demasiado rápido. Jack no está buscando gloria ni quiere convertirse en un héroe. Está intentando salvar a la persona que quiere. Y eso hace que todo lo que ocurre tenga mucho más peso.
También hay una oscuridad bastante particular en el libro. No es solamente la oscuridad de los monstruos o de los Territorios. King y Straub hablan mucho de la crueldad, del miedo, de la soledad y de lo que puede llegar a hacer la gente. Por eso la novela puede parecer por momentos una fantasía juvenil y, unas páginas después, convertirse en algo bastante más inquietante.
Y si vienes de leer a Stephen King esperando terror puro, quizá te sorprenda. El Talismán es mucho más una gran aventura fantástica con elementos de terror que una novela de terror convencional. Incluso tiene ese aire de viaje épico que recuerda a las grandes historias de aventuras, pero con la personalidad oscura de King y Straub.
Lo curioso es que, después de conocer La Torre Oscura, todavía puedes encontrar más cosas interesantes. Los Territorios, las Tierras Devastadas y algunas de las ideas que aparecen aquí hacen que la novela tenga conexiones especialmente disfrutables para quienes conocen el universo de King. No necesitas buscarlas para disfrutarla, pero descubrirlas después hace que la historia gane otra dimensión.
Y precisamente por eso creo que El Talismán es de esas novelas que se disfrutan todavía más con el tiempo. La primera vez puedes leerla como una aventura enorme. Después puedes volver a ella y descubrir la historia de Jack, Wolf, Richard y los Territorios desde otra perspectiva.
No es una novela perfecta y el comienzo puede hacerse algo lento. También es bastante extensa y en algunos momentos King y Straub se recrean mucho en los detalles. Pero cuando una historia consigue que después de tantos años sigas recordando a un personaje como Wolf, determinados lugares de los Territorios o la misión que lleva a Jack a cruzar el país, creo que está claro que ha conseguido algo importante.
Una aventura épica, oscura, extraña y tremendamente entrañable. De esas historias que empiezan hablando de un niño que quiere salvar a su madre y terminan llevándote muchísimo más lejos de lo que esperabas.
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