El estadio de Gran Canaria acogía una gran tarde de fútbol, duelo en las alturas, entre dos candidatos al ascenso.
Las Palmas se impuso 3–1 al Racing de Santander en un partido que arrancó trabado, con ambos equipos queriendo el balón pero sin lograr imponerse.
El primer golpe, sin embargo, lo dio el conjunto cántabro. En el minuto 13, Villalibre firmó un golazo tras un gran centro de Andrés.
Durante los siguientes minutos, el Racing se sintió dueño del partido: movía la pelota con criterio, encontraba espacios y daba la sensación de que el segundo estaba al caer. Pero el fútbol tiene sus giros, y Las Palmas supo encontrar el suyo.
A partir del minuto 25, el equipo canario despertó. Se adueñó del balón, empujó con criterio y encerró al Racing en su campo.
El empate llegó en el 37: un centro lateral al área y Mika Mármol, más atacante que defensor, puso el 1–1.
Apenas tres minutos después, otro envío desde la banda y otra vez Mármol para firmar el 2–1 y dar la vuelta al marcador.
El golpe psicológico fue tremendo para el Racing, que no logró reaccionar. Y justo antes del descanso, Ale García con un nuevo centro lateral y un 3–1 que acabaría siendo definitivo. Tres centros laterales, tres goles.
En la segunda mitad, los de José Alberto intentaron recomponerse. Entró Javi Castro para dar algo de solidez atrás, Suli y Yeray pusieron ganas, y Sergio trató de ordenar el centro del campo. Pero el daño ya estaba hecho.
El Racing tuvo más posesión, sí, pero fue un dominio estéril: sin profundidad, sin ideas y con jugadores descolocados.
Porque si algo quedó claro es que el plan inicial de JAL no funcionó. La baja de Iñigo Vicente pesaba, pero más pesó el intento de “inventar”.
El técnico rompió el trivote que tanto equilibrio le había dado (Peio, Puerta, Maguette), desplazó a Peio a una banda y retrasó a Jeremy —el hombre gol— a la mediapunta. El resultado: un equipo sin identidad, sin pegada y con futbolistas fuera de lugar.
El Racing salió sin alma y acabó sin rumbo. Cometió errores graves atrás, falló pases fáciles y se vio superado en intensidad.
Muchos jugadores quedaron señalados, pero el foco apunta inevitablemente al banquillo. Las Palmas aprovechó cada fallo y fue creciendo con confianza hasta certificar una victoria contundente.
Fue, en definitiva, la crónica de una muerte anunciada: un partido que el Racing perdió mucho antes del pitido final, cuando su entrenador decidió romper lo que funcionaba.
Redactado por Con H de Helena | Disfruta de sus videos en TikTok aquí

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