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Reseña “Cuando oscurece” de Peter Stamm

11 de septiembre de 2026
3.9
(184)

Peter Stamm tiene una manera bastante inquietante de mirar a sus personajes: no necesita llevarlos al límite para conseguir que algo se rompa dentro de ellos. Le basta con una situación aparentemente corriente, una conversación, un recuerdo, una decisión que parece insignificante y, cuando todo parece avanzar por terreno conocido, introduce una grieta por la que empieza a entrar algo mucho más extraño.

Cuando oscurece reúne once relatos en los que Stamm juega precisamente con esa grieta. Sus protagonistas son personas reconocibles, incluso demasiado reconocibles: gente que trabaja, que se enamora, que se arrepiente, que carga con decisiones del pasado, que fantasea con otra vida o que simplemente intenta seguir adelante mientras algo que no termina de comprender continúa trabajando en su interior. Lo interesante es que Stamm no necesita explicar demasiado qué les sucede. Deja que el lector complete los huecos.

Y ahí está buena parte del encanto del libro.

Los relatos suelen arrancar con una normalidad casi doméstica, pero poco a poco empiezan a desviarse. Lo real deja de ser completamente fiable y aparece una dimensión más cercana al sueño, al deseo, a la culpa o a aquello que llevamos enterrado y que, de repente, encuentra la manera de salir. No estamos ante historias de terror, aunque algunas tengan una atmósfera inquietante; lo perturbador viene de otra parte, de esa sensación de que cualquiera de nuestras vidas podría esconder una segunda lectura que ni siquiera nosotros conocemos.

«Superluna» me parece uno de los relatos más conseguidos precisamente por esa capacidad para convertir una idea tan definitiva como la desaparición y la muerte en algo extraño, casi intangible. También destaca «Sabrina2019», donde Stamm vuelve a esa facilidad suya para mostrarnos cómo podemos entrar en determinadas situaciones sin comprender realmente lo que está ocurriendo. Son historias que no terminan cuando llegamos a la última línea, porque es ahí cuando empieza el verdadero trabajo del lector.

Ese efecto se repite en buena parte de la colección. Algunas historias se leen con enorme facilidad y parecen incluso más sencillas de lo que realmente son, pero después se quedan dando vueltas. Uno termina un relato, pasa al siguiente y, unas páginas más tarde, vuelve mentalmente al anterior para preguntarse qué acaba de suceder exactamente. No siempre encontraremos una respuesta, y tampoco parece que Stamm esté demasiado interesado en proporcionárnosla.

Esto tiene una ventaja evidente, pero también un inconveniente.

La ambigüedad puede ser fascinante cuando abre posibilidades, pero en algún momento puede convertirse simplemente en falta de resolución. Y Cuando oscurece camina varias veces por esa frontera. Hay relatos en los que la incertidumbre multiplica el efecto de la historia y otros en los que personalmente habría agradecido una pequeña pista más, una pieza que permitiera cerrar alguna de las interpretaciones posibles. No todo funciona con la misma intensidad y hay historias bastante más planas que otras, algo inevitable quizá en un volumen de once relatos, pero que se nota especialmente cuando algunos de ellos consiguen dejar una huella mucho más profunda.

También me ha resultado interesante —y discutible— la manera en que Stamm construye determinados personajes femeninos y algunas de sus motivaciones. En ciertos momentos aparecen ideas bastante convencionales sobre la pareja, el deseo o la necesidad de encontrar al hombre adecuado para sentirse plenamente realizada. Puede entenderse dentro de los personajes y de las situaciones que plantea, pero no deja de resultar llamativo y, en algún relato, incluso algo simplista.

Aun así, lo que más me interesa de Cuando oscurece es que Peter Stamm no parece escribir estos cuentos para ofrecernos una moraleja. No intenta decirnos qué debemos pensar de sus personajes ni cerrar cada historia con una explicación brillante. Los deja ahí, suspendidos en ese momento en el que la realidad empieza a deformarse y obliga al lector a decidir qué cree que ha ocurrido.

Y quizá por eso el título funciona tan bien. Cuando oscurece no solo cambia la luz: también dejamos de distinguir las cosas con la misma claridad. Los recuerdos se mezclan con los deseos, lo que hicimos con lo que imaginamos haber hecho, la realidad con aquello que nuestra cabeza necesita inventar para poder soportarla.

Stamm escribe además con una sencillez que puede engañar. No hay una prosa que quiera exhibirse ni frases construidas para que el lector tenga que detenerse a admirarlas. Todo parece avanzar con naturalidad, casi sin esfuerzo, y precisamente por eso algunas de estas historias consiguen sorprender cuando ya nos hemos acomodado a su ritmo. Primero se leen; después empiezan a crecer.

No todos los relatos me han provocado la misma sensación ni creo que sea una colección completamente redonda. Pero sí me parece de esos libros que se benefician de no ser devorados demasiado deprisa. Porque la verdadera dimensión de muchas de estas historias aparece cuando ya las has terminado y empiezas a pensar qué había realmente detrás de aquello que acababas de leer.

Cuando oscurece es, en definitiva, un libro sobre lo que ocurre cuando nuestra parte más racional pierde durante un instante el control. Sobre deseos que no reconocemos, culpas que creíamos enterradas, vidas que podrían haber tomado otro camino y pensamientos que preferiríamos no escuchar demasiado de cerca.

Y Stamm sabe algo importante: que para inquietarnos no hace falta inventar monstruos. A veces basta con apagar un poco la luz y dejar que sea nuestra propia cabeza la que haga el resto.

 

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