...

Reseña “Romancero gitano ilustrado” de Federico García Lorca

1 de septiembre de 2026
4.8
(572)

Abrir esta edición de Romancero gitano es casi hacerle una pequeña falta de respeto a la estantería: cuesta dejarlo cerrado.

La culpa la tiene una tapa dura preciosa, con detalles dorados que atrapan la luz, pero sobre todo la mirada de Ilu Ros, que ha ilustrado el libro entero. Y digo «mirada» porque sus dibujos no parecen estar ahí para decorar los poemas. Parecen haber leído a Lorca antes que nosotros y haber decidido enseñarnos cómo lo ven.

La edición conmemora los 90 años sin Federico García Lorca. Noventa años desde que nos lo arrancaron y, sin embargo, aquí sigue. Más vivo que muchos escritores que todavía tienen la suerte de estar escribiendo.

Yo a Lorca lo conocí como casi todos: en el colegio, con poemas que había que subrayar, símbolos que había que explicar y preguntas que tenían una respuesta correcta. Qué manera tan estupenda de conseguir que un adolescente piense que la poesía es un castigo.

Volver ahora a Romancero gitano ha sido otra cosa.

Porque resulta que debajo de todo aquello estaba la noche. La luna. La sangre. El deseo. La muerte. La libertad. La pena. El miedo. Y una cantidad absurda de belleza concentrada en unos pocos versos.

Lorca escribe como si las palabras no fueran suficientes y tuviera que empujarlas un poco más allá de su significado. Una luna no es solamente una luna. Un caballo no es solamente un caballo. Una noche puede convertirse en una amenaza. Y una mujer puede cargar con toda la tragedia de un mundo entero.

Eso es lo que más me fascina de este libro: que no parece escrito para ser entendido del todo. Parece escrito para quedarse dentro.

Romance sonámbulo sigue siendo el golpe más fácil de recibir. Ese «verde que te quiero verde» que seguramente llevas años escuchando sin darte cuenta de que, cuando lo vuelves a leer, algo cambia. No sé explicar exactamente qué hace Lorca ahí. Tampoco me interesa demasiado. Hay cosas que pierden parte de su magia cuando intentamos desmontarlas.

Lo bonito es que Ilu Ros parece haber entendido precisamente eso. Sus ilustraciones no intentan traducir a Lorca literalmente. Lo acompañan. Le dan cuerpo a esa mezcla de sueño, oscuridad y belleza que tienen sus poemas. Pasas una página y la sensación no es la de estar leyendo un libro antiguo, sino la de haber entrado en un lugar que ya existía antes de ti.

Y quizá por eso esta edición me parece tan acertada para celebrar estos 90 años.

Porque Romancero gitano no necesita que lo convirtamos en una pieza de museo.

Necesita que alguien lo abra.

Que lo lea.

Que vuelva a cerrarlo un rato después.

Y que se quede pensando en un verso sin saber muy bien por qué.

Lorca murió hace noventa años.

Pero hay escritores que desaparecen.

Y luego está Lorca.

 

Puedes leer todas nuestras reseñas y recomendaciones en Cantabria Literaria.

Promedio 4.8 / 5. votos: 572

Sé el primero en puntuar este contenido.

Ya que has encontrado útil este contenido...

¡Sígueme en los medios sociales!

ÚLTIMAS NOTICIAS DE CANTABRIA

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *