A ver, te voy a decir una cosa: si después de El nombre del viento te quedaste con ganas de saber qué coño iba a pasar con Kvothe, prepárate, porque Rothfuss aquí decide que tiene todo el tiempo del mundo.
Y lo peor es que, durante buena parte del libro, probablemente vas a estar pensando: «Patrick, hijo mío, ¿podemos volver un momento a los Chandrian?».
Pero entonces te cuenta otra historia, aparece otro personaje, Kvothe aprende algo nuevo, se mete en otro lío… y tú sigues leyendo como un imbécil porque está tan bien escrito que te da absolutamente igual.
Porque El temor de un hombre sabio no es tanto la historia de Kvothe buscando respuestas como la historia de cómo ese chico termina convirtiéndose en la leyenda que todo el mundo cree conocer.
Y ahí está la gracia.
Tenemos al Kvothe del presente, escondido detrás de una posada, aparentemente convertido en un hombre completamente distinto, y tenemos al Kvothe joven contando cómo llegó hasta allí. Y cuanto más avanzas, más evidente resulta que entre uno y otro tiene que haber ocurrido algo muy jodido.
Pero antes de llegar ahí, toca vivirlo.
Kvothe sigue en la Universidad, sigue siendo brillante, sigue teniendo esa capacidad desesperante para meterse en problemas y sigue intentando averiguar qué demonios ocurrió con los Chandrian y quién asesinó a su familia. Solo que esta vez el camino se hace muchísimo más grande.
Sale de la Universidad, conoce nuevos lugares, aprende nuevas formas de luchar, nuevas culturas, nuevas historias y nuevas maneras de entender la magia. Se cruza con personas que parecen sacadas de leyendas y acaba viviendo situaciones que, si alguien te las contara fuera de contexto, pensarías que se ha fumado algo.
Y entonces aparece Denna.
Y aquí, amigo, es cuando empieza otra clase de sufrimiento.
Porque Kvothe puede enfrentarse a enemigos, aprender magia, tocar el laúd como si hubiese nacido para ello y meterse en cualquier situación peligrosa con una confianza completamente injustificada. Pero cuando aparece Denna, de repente el tío se convierte en el ser humano más inútil de Temerant.
La quiere. No sabe cómo acercarse a ella. Ella desaparece. Vuelve. Se vuelven a encontrar. Se dicen cosas. No se dicen las cosas importantes. Se separan. Se vuelven a buscar.
Y tú desde fuera estás pensando: «POR FAVOR, HABLAD».
Pero claro, Rothfuss sabe perfectamente lo que está haciendo.
Porque este libro está lleno de eso: de cosas que parecen pequeñas mientras ocurren, pero que empiezan a adquirir otro significado cuando las miras desde el futuro.
Y ahí es donde El temor de un hombre sabio se vuelve enorme.
Kvothe ya no es simplemente el chico huérfano que quiere vengarse de los Chandrian. Empieza a convertirse en todas esas cosas que después escuchamos sobre él: el músico prodigioso, el arcanista, el luchador, el aventurero, el hombre capaz de sobrevivir a situaciones imposibles.
El problema es que también empieza a construir la leyenda que algún día lo perseguirá.
Porque Kvothe tiene un talento brutal para todo lo que hace, pero también tiene un talento todavía mayor para meterse en situaciones que probablemente sería mejor evitar.
Y cuanto más avanzas, más empiezas a preguntarte qué parte de la historia que conocemos es verdad y qué parte es simplemente la leyenda que Kvothe ha dejado crecer a su alrededor.
Y aquí viene una de las cosas que más me gustan del libro: Rothfuss no tiene ninguna prisa.
¿Quieres saber qué pasó con los Chandrian? Sí, yo también.
¿Quieres saber qué coño ocurrió para que Kvothe acabara siendo Kote? Evidentemente.
¿Quieres saber qué pasó con Denna? Por supuesto.
¿Quieres entender qué está pasando realmente con los Amyr, la Universidad, los Fata y todas esas historias que parecen esconder algo mucho más grande? También.
Pues siéntate.
Porque Rothfuss tiene mil páginas para contarte todo lo demás antes.
Y sorprendentemente, funciona.
Porque puedes pasarte cientos de páginas leyendo a Kvothe persiguiendo una historia que, en apariencia, no tiene nada que ver con la principal y terminar completamente atrapado. Puedes estar esperando que ocurra algo enorme y, mientras tanto, descubrir que una conversación alrededor de una hoguera, una canción, una historia antigua o una conversación con un personaje secundario te importa muchísimo más de lo que debería.
Eso es lo que hace Rothfuss especialmente bien: consigue que el camino sea tan interesante como el destino.
Y la prosa es una barbaridad.
Hay momentos en los que parece que no estás leyendo fantasía, sino que alguien está intentando explicarte cómo funciona la magia y, de repente, te das cuenta de que no está hablando de magia. Está hablando de cómo vemos el mundo.
El viento, la música, los nombres, las historias, los recuerdos… todo parece tener una segunda capa.
Y Kvothe está en medio de todo.
Un personaje brillante, arrogante, vulnerable, enamorado, orgulloso y bastante gilipollas en determinadas situaciones. Precisamente por eso funciona. Porque por mucho que parezca capaz de hacer cualquier cosa, nunca termina de sentirse cómodo en ningún sitio.
Es un chico que puede adaptarse a cualquier mundo, pero que no termina de pertenecer a ninguno.
Y mientras tanto, nosotros seguimos escuchando su historia sabiendo que algo salió terriblemente mal.
Eso es lo que convierte El temor de un hombre sabio en una experiencia tan particular: no estás leyendo simplemente para descubrir qué le ocurre a Kvothe. Estás leyendo para intentar descubrir cómo el Kvothe que conocemos pudo convertirse en el hombre que vemos en la posada.
Y después de más de mil páginas, cuando llegas al final, te das cuenta de que has avanzado muchísimo… y, al mismo tiempo, sigues sin tener ni puta idea de cómo va a terminar todo.
¿Los Chandrian? Siguen ahí.
¿El misterio de Kvothe? Sigue ahí.
¿Denna? Sigue siendo Denna.
¿El futuro de Kote? Cada vez parece más jodido.
Y tú solo puedes cerrar el libro y pensar:
«Vale. Ahora necesito el tercero».
Ese es probablemente el mayor problema de El temor de un hombre sabio: que Patrick Rothfuss consigue que quieras desesperadamente saber cómo termina una historia que todavía no ha terminado.
Y mientras esperamos, al menos tenemos esta edición limitada de Debolsillo para sufrir con algo bonito en la estantería: tapa dura, cantos naranjas brillantes y estampación en naranja metalizado. Una edición que tiene ese punto de pieza especial que le pega muchísimo a una saga como esta.
Porque si vas a esperar quién sabe cuánto para descubrir cómo termina la historia de Kvothe, por lo menos que el libro que tienes entre las manos sea una puta maravilla.
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