Aviso: esta reseña contiene spoilers importantes de La Odisea de Homero.
La Odisea me ha parecido una de esas historias que uno cree conocer antes de leerla, pero que sorprende cuando descubre todo lo que realmente contiene. Más allá del famoso caballo de Troya, la verdadera aventura comienza cuando la guerra ha terminado y Ulises intenta regresar a Ítaca. Lo que debería haber sido un viaje relativamente corto acaba convirtiéndose en una odisea de diez años llena de pérdidas, errores, monstruos, dioses y decisiones que ponen constantemente a prueba a su protagonista.
Lo primero que me llamó la atención es que Ulises no es el héroe perfecto que muchas veces imaginamos. Es inteligente, ingenioso y tiene una capacidad increíble para salir de situaciones imposibles, pero también es orgulloso. Ese orgullo le pasa factura cuando, después de escapar del cíclope Polifemo, no puede evitar revelar su nombre. Ese gesto, que parece insignificante, provoca la ira de Poseidón y cambia por completo el rumbo de su viaje.
Durante el camino aparecen algunos de los episodios más famosos de la literatura: los lotófagos, que hacen olvidar el deseo de regresar; Circe, que convierte a sus hombres en cerdos; el descenso al mundo de los muertos para buscar respuestas; las sirenas con su canto irresistible; Escila y Caribdis, entre las que debe elegir el menor de dos males; o Calipso, que incluso le ofrece la inmortalidad si decide quedarse con ella. Cada aventura tiene algo diferente, pero todas sirven para mostrar que el regreso a casa nunca depende solo de la fuerza, sino también de la paciencia y de la inteligencia.
Mientras Ulises lucha por volver, en Ítaca la situación tampoco es sencilla. Penélope lleva años soportando a decenas de pretendientes que han invadido su casa convencidos de que el rey ha muerto. Me ha parecido uno de los personajes más admirables de toda la obra. La manera en la que consigue ganar tiempo tejiendo de día un sudario y deshaciéndolo cada noche demuestra una inteligencia tan brillante como la del propio Ulises.
También me gustó mucho la evolución de Telémaco. Al principio aparece como un joven inseguro que apenas conoce a su padre, pero poco a poco madura y termina desempeñando un papel fundamental cuando Ulises regresa.
El desenlace me parece uno de los momentos más memorables del libro. Ulises vuelve disfrazado de mendigo, observa todo lo que ocurre en su propia casa y espera el instante perfecto para actuar. La prueba del arco es magnífica: ninguno de los pretendientes consigue tensarlo, mientras que él lo hace con facilidad y, a partir de ahí, comienza una venganza tan contundente como inevitable dentro del mundo que plantea Homero. Es un final duro y violento, pero también profundamente satisfactorio después de todo el camino recorrido.
Lo que más me llevo de La Odisea es que, aunque está llena de criaturas fantásticas y de intervenciones divinas, en el fondo habla de algo muy humano: el deseo de regresar al hogar, de recuperar la familia y de seguir adelante incluso cuando todo parece ponerse en contra. Creo que esa es la razón por la que sigue emocionando tantos siglos después de haber sido escrita.
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