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Reseña “Nudos de sal” Nacho Carreras

16 de junio de 2026
4.1
(346)

Terminé Nudos de sal con esa sensación rara de haber estado demasiado dentro de una historia como para salir de ella de golpe. De esas lecturas en las que cierras el libro y sigues pensando en quién decía la verdad… y quién solo estaba sobreviviendo como podía.

Todo empieza con un asesinato que parece tener solución rápida. Ramiro Rey muere durante la celebración de su cumpleaños en una urbanización de las Rías Baixas, y el caso apunta demasiado pronto en una sola dirección. Pero hay algo que no encaja del todo, y esa pequeña grieta es la que abre la historia de verdad.

Alfredo Otero, periodista jubilado y amigo íntimo del fallecido, no se conforma con la versión oficial. Decide investigar por su cuenta, movido más por la lealtad que por la lógica, y lo que empieza como una búsqueda de justicia acaba convirtiéndose en un viaje incómodo hacia los secretos de una familia entera. Una de esas investigaciones que no solo remueven hechos, sino también relaciones, silencios y heridas que nadie quiere mirar de frente.

En paralelo, la historia se cruza con Teo Costas, el policía encargado del caso, que también queda atrapado en una trama donde las certezas duran poco y las dudas lo contaminan todo. Esa doble mirada le da a la novela un ritmo muy sólido, porque nunca te deja instalarte del todo en una sola versión de lo que está ocurriendo.

Lo que más engancha de Nudos de sal no es solo el misterio, sino la sensación constante de que debajo de cada personaje hay algo más. Nadie parece completamente transparente, y eso hace que cada avance en la investigación tenga un punto de desconfianza permanente. No es tanto quién lo hizo desde el principio, sino cuántas cosas se han ocultado para que todo pareciera normal.

Las Rías Baixas no son un simple escenario. Hay una presencia muy clara del entorno, de ese contraste entre la belleza del paisaje y la oscuridad de lo que se cuece en su interior. Esa mezcla funciona muy bien, porque refuerza la idea de que, en ciertos lugares, lo que se ve y lo que se es no siempre coinciden.

Nacho Carreras construye una trama coral donde cada pieza suma tensión sin necesidad de artificios exagerados. Hay giros, sí, pero sobre todo hay una acumulación de pequeñas revelaciones que van cambiando la forma en la que miras a los personajes. Y eso es lo que hace que la lectura avance casi sin darte cuenta.

También hay algo interesante en cómo conecta esta novela con su obra anterior, Marea muerta. Sin depender de ella, deja hilos que enriquecen el universo del autor y recompensan a quien ya lo conoce, sin cerrar la puerta a quien llega por primera vez.

Nudos de sal es una novela de secretos familiares, de lealtades que pesan más de lo que deberían y de verdades que llegan tarde o mal. Un thriller que no necesita correr para generar tensión, porque la tensión está en lo que no se dice, en lo que se evita y en lo que se intenta enterrar.

Y cuando todo encaja, no hay sensación de alivio. Más bien la impresión de haber asistido a algo que llevaba mucho tiempo podrido bajo la superficie.

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