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Vacaciones, aeropuerto y un reloj de 9.000 euros: el souvenir más caro terminó bastante mal

5 de junio de 2026
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El crimen perfecto tiene un pequeño inconveniente: la costumbre de la Guardia Civil de revisar equipajes.

Y eso fue precisamente lo que convirtió un viaje aparentemente normal entre Alicante y Santander en una historia con reloj de lujo, investigación policial y un turista británico que jamás imaginó que sus vacaciones tendrían secuela.

La historia comenzó en el aeropuerto de Alicante-Elche, donde un ciudadano británico se disponía a regresar a Reino Unido tras disfrutar de sus vacaciones bajo el sol español. Lo que probablemente no figuraba en sus planes era despedirse también de un reloj valorado en más de 9.000 euros.

Un precio que convierte cualquier descuido en una experiencia espiritual.

Las investigaciones apuntaron rápidamente hacia una pasajera cuyo destino final era Cantabria. Y aquí es donde la trama, lejos de convertirse en una sofisticada película internacional de robos imposibles, tomó un camino bastante menos glamuroso.

Cuando la mujer aterrizó en el aeropuerto Seve Ballesteros-Santander, agentes de la Guardia Civil decidieron echar un vistazo a sus pertenencias. No fue necesario abrir una caja fuerte escondida en el fuselaje, ni descifrar códigos secretos, ni perseguir a nadie por las pistas de aterrizaje.

El reloj apareció en un bolsillo del equipaje.

Sí. En un bolsillo.

A veces los grandes planes criminales terminan derrotados por el concepto revolucionario de registrar una maleta.

Los agentes comprobaron que la pieza encontrada coincidía con la denunciada por el turista británico. Además, la pasajera no pudo acreditar de manera convincente cómo había llegado hasta sus manos un reloj valorado en una cantidad que supera ampliamente el presupuesto vacacional de muchas familias.

La investigación concluyó con la mujer siendo investigada como presunta autora del hurto y con el reloj bajo custodia policial. Pero la historia aún guardaba un final feliz para el propietario.

Una vez confirmada la recuperación de la pieza, el turista británico recibió la noticia de que su reloj había sobrevivido a la aventura española. El hombre volvió a volar hasta Santander para reencontrarse con él.

Pocas historias de amor modernas incluyen aeropuertos, agentes de la Guardia Civil y relojes de 9.000 euros. Aunque probablemente esta sea una de ellas.

Mientras tanto, queda una lección para futuras generaciones de delincuentes improvisados: si vas a intentar desaparecer con un objeto de lujo valorado en varios miles de euros, quizá esconderlo en el bolsillo de la maleta no sea la estrategia criminal más innovadora del siglo.

Pero por fortuna para los investigadores, hay tradiciones que nunca pasan de moda.

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