El PSOE propone cobrar por visitar Santander: disfrutar de la bahía podría dejar de ser completamente gratis
En política hay dos certezas universales: siempre falta dinero para algo y, tarde o temprano, alguien propone crear una nueva tasa para solucionarlo.
Esta semana le ha tocado el turno al turismo. El PSOE de Santander ha planteado la creación de una tasa turística para que quienes pernocten en la ciudad contribuyan económicamente al mantenimiento de unos servicios públicos que, según defienden los socialistas, soportan cada vez más presión debido al creciente número de visitantes.
La idea es sencilla: si miles de turistas utilizan calles, autobuses, papeleras, playas, jardines, bancos, farolas, semáforos y prácticamente cualquier elemento urbano que no esté atornillado al suelo, quizá no sea descabellado pedirles una pequeña aportación para ayudar a pagar la factura.
O al menos esa es la teoría.
La propuesta llega después de que Santander haya consolidado su atractivo turístico y haya superado ampliamente las cifras de visitantes de años anteriores. Una buena noticia para hoteles, restaurantes y comercios, aunque también significa más basura que recoger, más limpieza, más tráfico, más desgaste urbano y más trabajo para unos servicios municipales que ya bastante tienen con sobrevivir al verano.
Los defensores de la medida recuerdan que ciudades de toda España y buena parte de Europa llevan años aplicando fórmulas similares sin que los turistas hayan salido huyendo en masa hacia destinos alternativos. Parece que pagar uno o dos euros por noche no ha provocado todavía el colapso de la industria vacacional mundial.
Los detractores, previsiblemente, consideran que cualquier nuevo pago es poco menos que una declaración de guerra al bolsillo del visitante.
Entre ambos bandos aparece el ciudadano medio, que contempla el debate con cierta resignación filosófica. Después de todo, si existe algo más inevitable que los atascos de agosto en El Sardinero, probablemente sean las discusiones políticas sobre quién debe pagar las consecuencias del éxito turístico.
La recaudación, según la propuesta socialista, serviría para financiar limpieza urbana, movilidad sostenible, mantenimiento de infraestructuras, conservación del patrimonio y otras actuaciones destinadas a evitar que la ciudad muera de éxito mientras intenta vender precisamente ese éxito.
Ahora la pelota queda en el tejado del Ayuntamiento.
Y, como suele ocurrir cuando aparece la palabra “tasa” en una conversación pública, las opiniones ya empiezan a multiplicarse más rápido que las sombrillas en la Primera Playa durante un domingo de agosto.

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