Un hombre de 40 años decidió que la calle Gutiérrez Solana era el escenario perfecto para su particular ruleta rusa: conducir sin permiso, colocado de cocaína y THC, y con un pequeño arsenal de hachís encima. La Policía Local le paró en un control rutinario y lo que parecía un simple trámite se convirtió en un festival de irregularidades.
El individuo, que ya había perdido todos los puntos del carné, circulaba como si nada. Al pedirle la documentación, se destapó el pastel: sin permiso, con droga en el organismo y con hachís en los bolsillos. La crónica de un desastre anunciado.
Mientras tanto, la madrugada santanderina tampoco se quedó atrás: una mujer de 58 años decidió dar un concierto de gritos en el rellano de su edificio a las cuatro de la mañana y un treintañero optó por montar una discoteca en Castelar con la música a todo volumen. El insomnio, al parecer, es la nueva moda nocturna.

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