El Sardinero vivió una noche tan brillante como frustrante. Un 2–2 que, para el Racing, sabe a derrota.
Un punto que mantiene a los cántabros en lo alto de la tabla —a la espera de lo que haga el Depor—, pero que deja un poso preocupante: las sensaciones no acompañan al liderato.
Y es que el Racing firmó una primera parte de equipo grande. Fútbol fluido, dominio total y un ritmo que el Granada apenas podía seguir.
Lo más llamativo: lo hizo pese a las ausencias de tres piezas clave, convocadas por sus selecciones. Aun así, el equipo ofreció uno de sus mejores 45 minutos de la temporada.
El recital se tradujo pronto en goles. En el minuto 19, Villalibre culminó a pase de Marco Sangalli.
Ocho goles acumula ya el búfalo de Gernika, cada vez más determinante. Apenas cuatro minutos después, Javi Castro elevó el 2–0 con un testarazo que encendió a la grada.
El Racing aplastaba al Granada, imponiéndose en intensidad, juego y ritmo.
En el centro de todo estaba Iñigo Sainz-Maza, el capitán, dueño absoluto del mediocampo. Orden, jerarquía, equilibrio: fue la brújula del equipo en una primera parte magistral.
Pero todo cambió tras el descanso. La sustitución de Iñigo por Sergio alteró por completo el guion.
El Racing perdió el control de la medular y el Granada olió sangre. En el 55 llegó el 2–1, y el equipo cántabro empezó a desdibujarse.
La puntilla llegó en el 67: gol de falta directa, con un Jokin Ezkieta que se quedó inmóvil en la acción. No está siendo su temporada más sólida, y la grada lo sabe.
El empate dejó al Racing tocado. El equipo había pedido auxilio en el centro del campo ya desde el minuto 50, pero la respuesta desde el banquillo no llegó.
La decisión fue meter dos delanteros, manteniendo sin usar dos cambios mientras el equipo perdía fuelle.
Una apuesta que no dio resultado y que alimentó la sensación de que este equipo —un auténtico ferrari en muchos tramos— a veces circula sin el acompañamiento adecuado desde la banda.
El Racing tiene fútbol, talento y un once capaz de devorar a cualquiera… pero también momentos en los que las luces se apagan y nadie encuentra el interruptor.
Al final, un punto que sabe a poco, después de haber tenido el partido en la mano. El liderato se mantiene, sí, pero partidos como este recuerdan que el camino al ascenso será muy largo si el Racing no encuentra estabilidad.

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