El conjunto verdiblanco se impuso al Depor (2–1) en un duelo entre candidatosal ascenso, con un Sardinero lleno, un ambiente espectacular y una actuación coral del equipo.
El Sardinero volvió a vivir una tarde de gran fútbol. El cartel de “no hay entradas” se colgó a mediodía: 22.207 espectadores llenaron las gradas en un ambiente propio de otra categoría.
No era para menos. Racing y Depor, segundo y tercer clasificado de la Hypermotion, protagonizaban un duelo con aroma a Primera.
El Racing de José Alberto llegaba con varias novedades obligadas en el once. Las sanciones de Michelin y Sangalli, junto a la lesión de Salinas, obligaron al técnico asturiano a mover piezas.
Regresaba Peio, después de disputar el Mundial Sub20, y entraban también Jeremy, Puerta, Mantilla y Mario García. Y el plan salió a la perfección.
Desde el inicio, el Racing quiso ser el protagonista, tocaba y llevaba la iniciativa, ante un Depor que se acercaba poco a la portería de Jokin.
Sin embargo, el destino quiso poner las cosas cuesta arriba muy pronto: en el minuto 12, un desafortunado gol en propia de Mantilla adelantó al conjunto gallego.
La insistencia tuvo premio en el tiempo de descuento. En el 46, Facu igualó el marcador, tras rematar bajo palos un rechace del portero.
En la segunda mitad el Racing no levantó el pie. En el minuto 60, una magnífica jugada colectiva, culminada por Jeremy, puso el 2–1 definitivo.
El de Maliaño fue uno de los nombres propios del encuentro, volvió a ver puerta, y ya van seis goles en diez jornadas.
El trivote formado por Peio, Puerta y Maguette dio equilibrio y oxígeno al equipo. Mientras que Andrés asumió con solvencia el rol de Sangalli, multiplicándose en ataque y en defensa.
Detrás, Pablo y Facu firmaron un partido sobresaliente, al que en la segunda mitad se sumó Javi Castro, ganando duelos, anticipando y dando salida limpia al balón. Y cuando el Depor apretó en los minutos finales, emergió la figura de Jokin: el guardameta realizó dos paradas salvadoras que valieron tres puntos.
El Racing no solo ganó —se impuso con autoridad táctica y carácter—, sino que dejó claro que es un candidato muy serio al ascenso. José Alberto le ganó la batalla desde el banquillo a Antonio Hidalgo. El Sardinero fue una fiesta, una comunión perfecta entre equipo y afición, que volvió a sentir esa ilusión que les persigue.
Porque lo de anoche no fue un partido de Segunda: fue un duelo de Primera entre dos equipos históricos que siguen soñando con volver a donde merecen. Y esta vez, la victoria, el ambiente y el orgullo fueron verdiblancos.

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