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Plaza del Ayuntamiento concurrida

Las Tres Cruces de Torrelavega se alzaban majestuosas en lo alto de una colina, como guardianes silenciosos de un oscuro secreto. Durante siglos, los lugareños habían temido y evitado el lugar, atribuyendo a las cruces un poder maligno y una presencia sobrenatural.

La leyenda comenzó en el siglo XVII, en un pequeño pueblo azotado por la peste y la superstición. Se decía que las cruces habían sido erigidas en memoria de tres mujeres acusadas de brujería y condenadas a muerte en una época de histeria y paranoia. Sus almas, según la creencia popular, quedaron atrapadas en los límites de aquel lugar, clamando venganza y sembrando el terror en aquellos que se atrevieran a acercarse.

Las historias que se contaban eran escalofriantes. Testigos aseguraban haber visto figuras sombrías moviéndose entre las cruces, murmullos incomprensibles en la oscuridad y luces fantasmales que bailaban a su alrededor. Algunos afirmaban que habían experimentado inexplicables mareos y desorientación al aproximarse al lugar, como si una fuerza invisible intentara alejarlos.

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Pero fue en una fría noche de invierno cuando la verdadera tragedia se desencadenó. Un grupo de jóvenes temerarios decidió desafiar las advertencias y explorar las Tres Cruces. Armados con linternas y cámaras, se adentraron en la oscuridad de la colina, ansiosos por descubrir la verdad detrás de los relatos macabros.

A medida que se internaban en el terreno sombrío, el aire se volvió espeso y opresivo. El viento susurraba amenazas y las ramas de los árboles crujían inquietantemente. Los jóvenes se separaron, cada uno buscando respuestas en rincones diferentes de aquel misterioso lugar.

Pero uno por uno, los miembros del grupo desaparecieron en la oscuridad. Sus gritos resonaban por el bosque, llenos de pánico y desesperación. Cuando las autoridades locales fueron alertadas y organizaron una búsqueda, solo encontraron una escena de horror. Los cuerpos sin vida de los jóvenes yacían cerca de las cruces, con expresiones de terror eternizadas en sus rostros.

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El incidente sacudió a la comunidad de Torrelavega y reforzó las creencias en la maldición de las Tres Cruces. Se erigieron vallas y se colocaron letreros de advertencia, instando a la gente a mantenerse alejada del lugar encantado. Pero la sombra de aquel suceso continuó acechando el pueblo, como una herida abierta que se resistía a sanar.

Hasta el día de hoy, las Tres Cruces de Torrelavega permanecen en pie, emitiendo una presencia ominosa y recordando a todos que hay fuerzas oscuras que no deben ser desafiadas. Algunos creen que las almas atormentadas de las brujas siguen vagando por allí, esperando venganza y atrapadas en una eterna condena.

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Añadir locución de la historia justo aquí 

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